Cada año, más de 600 millones de contenedores de carga se envían alrededor de todo el mundo. Y muchos de ellos son fumigados con biocidas, antes del envío, para proteger la carga frente a plagas y microorganismos durante su larga travesía. Este hecho representa un peligro para la salud de los trabajadores encargados de abrir estos contenedores, que normalmente no están identificados como fumigados y que liberan agentes biocidas tóxicos al abrirlos.