Los ciudadanos urbanitas tendemos a focalizar más nuestra aversión en las ratas de alcantarilla, que a veces podemos avistar en el exterior, que en los minúsculos ratones domésticos (Mus musculus). Sin embargo, es más probable que sea un simpático ratón instalado discretamente en nuestro domicilio, y no una rata, quien nos pueda transmitir toda una serie de bacterias, algunas de ellas resistentes a los antibióticos.